Joaquín Márquez Vega nace en Puerto Real un 20 de Julio de 1.939, esta casado con Josefa Castaño y tiene dos hijos: Juan Carlos y Maria José.


Para hablar de su vinculación con el mundo de las cofradías y hermandades tenemos que retroceder a su etapa de estudiante cuando siendo alumno del Colegio de los Hermanos, entre partidos de fútbol con el C. D. La Salle, sabatinas y algún que otro rosario, según la costumbre de la época, Joaquín empieza a colaborar con el mayordomo de la Cofradía de “La Borriquita” en el montaje de los altares de culto que por aquellos años se instalaban en la Prioral de San Sebastián.


Su espíritu inquieto y su apasionamiento por las manifestaciones de religiosidad popular le llevan a involucrarse durante un tiempo en la Cofradía de La Soledad, donde como simple colaborador desarrolla multitud de trabajos relacionados con la mayordomía, aprendiendo los trucos empleados por aquel entonces tanto para el montaje de los pasos como para sujetar y amarrar sobre los mismos los elementos de exorno. A Joaquín incluso le encomienda un año representar a la Cofradía de La Soledad en la procesión del Domingo de Ramos.


No cabe duda que Joaquín era un elemento valioso por su predisposición a echar una mano donde hiciera falta y además conocido en el entorno de las Hermandades existentes en aquellos años: Borriquita y Soledad, de la que ya hemos hablado y la del Nazareno que es finalmente donde Joaquín comienza a formar parte de una Junta de Gobierno, primero como auxiliar de la misma y luego como vocal, desempeñando siempre tareas que tuviesen que ver con el montaje de los pasos, altares de culto o besamanos, actividad que alterna con su pertenencia al grupo de Acción Católica existente en la parroquia de San Sebastián donde también organiza actividades tan dispares como Vía Crucis o representaciones teatrales.


Tras estos inicios, el destino le tenia reservado a Joaquín Márquez una participación directa en la reorganización de la Cofradía de la Vera Cruz. La llegada de una carta a la sede de la Cofradía del Nazareno donde se invitaba a la extinguida cofradía a participar en un Encuentro en Sevilla de la Confraternidad de Hermandades Veracrucistas, provoca que varios hermanos del Nazareno entre los que se encuentra Joaquín Márquez, se interesen por reactivar la antigua cofradía.


Dedicado de lleno a este proyecto que Joaquín acoge con enorme ilusión, le hace desvincularse de su responsabilidad en la Junta del Nazareno, dedicándose a recopilar documentación, buscar colaboradores y conseguir el reconocimiento eclesiástico que la situación de Sede Vacante en el Obispado de Cádiz, demora en demasía, dándose la circunstancia de que el proyecto de la reorganizada Hermandad recibe el respaldo de la Confraternidad de Hermandades de la Vera Cruz, antes de estar restablecida canónicamente.


Junto a estas gestiones, otra no menos importante: encontrar la imagen de un crucificado al que se le pueda dar culto como titular de la Hermandad y Joaquín que a constante no le gana nadie, se patea iglesias y conventos de la capital gaditana en busca de su objetivo, sin conseguir resultado satisfactorio a sus pretensiones. En sus idas y venidas a Cádiz, la casualidad le hace encontrarse con el mayordomo de la Cofradía de la Humildad y Paciencia con el que tenia cierta amistad y al que pone al corriente de sus intenciones, llevándose la grata sorpresa de que le ofrece la imagen de una Virgen Dolorosa, antigua titular de la hermandad que había sido retirada del culto y que traída por Joaquín a Puerto Real, procesionaria por primera vez en la Semana Santa de 1.972 como titular de la Cofradía bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Amargura. La imagen del crucificado llegaría mas adelante a través de la donación de una persona a la que hoy indirectamente se rinde homenaje en su memoria, D. Ángel Carlier Vea Murgia.


Joaquín seria nombrado Presidente de la Junta Reorganizadora y primer Hermano Mayor, tras la restauración, ocupando el cargo por un periodo de casi 20 años, tocándole una etapa difícil y problemática que hoy se encuentra felizmente superada. Durante su mandato, entre las muchas actividades que se organizan seria bueno señalar los Vía Crucis celebrados con la imagen de un Cristo de Medinaceli que la hermandad recibe en deposito, siendo el germen de esta devoción en Puerto Real que hoy cuenta con su propia cofradía de penitencia.


Joaquín Márquez ha tenido también un papel relevante en la reorganización de la Junta Local de Cofradías, ya que ocupo el cargo de Presidente en la primera etapa, donde se redactaron los Estatutos y se sentaron las bases del hoy denominado Consejo Local de Hermandades y Cofradías, en donde en distintos mandatos a ocupado los cargos de Vicepresidente, Delegado de Cultos y Vocal.


Su amistad con el Catedrático Antonio Muro, al que ayudaba en su labor investigadora en el archivo histórico municipal, le avalan para recibir el reconocimiento oficial como archivero auxiliar, de forma honorífica y gratuita, según consta en el oficio que recibe del Ayuntamiento, circunstancia que le permiten poder profundizar en los documentos que relacionados con las cofradías existentes en nuestra villa se guardan en el archivo, anidando en su interior nuevos proyectos para reorganizar cofradías extinguidas, proyectos que ocupan todo su tiempo libre cuando deja de pertenecer a la Junta de Gobierno de la Cofradía de la Vera Cruz.


La perseverancia de Joaquín Márquez que antes mencionábamos, hace posible que tras algún intento fracasado, no pocas dificultades y varios desencuentros con los estamentos eclesiales (Joaquín quiere ir mas deprisa de lo que las circunstancias o el momento recomiendan), que una nueva Hermandad, la de Ntra. Sra. de los Dolores, sea reconocida canónicamente y se pueda disfrutar de un día mas en la Semana Santa Portorrealeña. Hermandad en la que durante varios años, ocupo el cargo de Secretario de la Junta de Gobierno.


Hay que reconocer que en todos estos proyectos se ha contado con la inestimable colaboración de otras muchas personas sin las que Joaquín no habría conseguido sus propósitos, aunque también es cierto que sin su intervención quizás tampoco serían hoy un realidad.


Un último servicio, de momento, se le pediría a Joaquín Márquez, formar parte de la Junta Gestora que fue necesario nombrar para mantener la actividad de la Cofradía de La Soledad, permitiéndole por un periodo de seis meses, volver a trabajar por la Hermandad donde inició sus primeros pasos cofradieros.


En su dilatada vida cofrade, ha recibido algunas distinciones con las que se ha querido reconocer su trabajo constante y su trayectoria, así el colectivo de cargadores portorreleños lo distinguen con la primera almohadilla de plata que otorga el Consejo Local, la Hermandad del Carmen le dedica la segunda insignia distintiva de la hermandad y la Cofradía de la Vera Cruz le reconoce expresamente, al cumplirse los 25 años de la reorganización, su destacada participación en la recuperación de la Hermandad.


Seguramente se nos quedan muchas cosas en el tintero, aunque lo mas significativo queda reflejado en estas líneas, de donde podemos destacar la recuperación de dos hermandades para la Semana Santa de Puerto Real, hermandades que hoy están definitivamente asentadas en sus respectivas sedes canónicas, aunque en sus comienzos tocó sortear muchas dificultades.


Por todo ello Joaquín se merece el reconocimiento que se le otorga, como expresión del afecto y agradecimiento de los cofrades de Puerto Real.